¡Qué ejemplo de ciudadanía!

Lo sabemos desde siempre. Después de la curva de la Virgen aparecen las torres de la catedral, erguidas, lanzadas al cielo con vocación de eternidad.

Es como regresar a los brazos de la madre, como recuperar el aroma de la arepa mañanera de los años de colegio, como recobrar imágenes perdidas en la memoria, como recrear voces, palabras y emociones del pasado. Es la vida, la vida que está ahí por siempre. Es la nostalgia que nos trae de regreso, para recargarnos de ganas de luchar.

Y después los bambucos y los pasillos de José y de los otros. Y Pedro Nel y José Luis, los decanos, los maestros. Y Domingo y Álvaro, músicos prodigiosos y laureados.  Y la muchachada excelsa y virtuosa como sus maestros: Mario y Yeimy, Kiara, César, Jonathan, Nicolás, Carlos.

Como en el Olimpo.

El Socorro de fiesta: veteranos artistas engalanando el concurso en homenaje al Cantor de la Patria, compositores dispuestos a enriquecer la música nuestra, jóvenes intérpretes buscando la gloria y el reconocimiento de sus paisanos. Y las muchachas luciendo el vestido bonito, y sus galanes, altivos y presumidos, acompañándolas orgullosos.

En el parque. Como siempre. Testigo de contiendas por la libertad y de paseos domingueros de amores adolescentes y de encuentros furtivos. Con Antonia abanderada, comandando las luchas comuneras, las de ayer y las de hoy. Vigilante, decidida. 

Todos estábamos ahí, como en una ceremonia, como en un ritual de amor al Socorro. Reconociéndonos en el otro, el otro, a quien acaso vemos por primera vez, pero nos reconocemos en su sonrisa, en su historia, en sus ideas de futuro.

Y el policía dispuesto a colaborar en lo que haga falta. Oyendo bambucos. Cantando en voz baja a la lunita consentida, porque también es suya, acaso porque también es la de sus hijos. Como en el pasado.

Y las tiendas y las cafeterías, abiertas para todos, vendiendo barato, atendiendo bien porque es la fiesta de la casa. Con desprendimiento, con humildad, con alegría.

Portándonos bien. Sin estridencias, sin resentimientos, sin sobresaltos, sin diferencias.

Este es el Socorro que queremos: el que pertenece a nuestros afectos y el que deseamos que permanezca por siempre. 

P. S.1. La celebración del XXVIII Concurso Nacional de la Canción Inédita José A. Morales, además de ser un reconocimiento a su memoria, se constituyó en un acto de ciudadanía que es importante resaltar. Esta es la socorranidad que debemos incentivar y proteger porque es nuestro mayor patrimonio.

Es al Socorro, como territorio, que tenemos que cuidar.  Desde lo físico, lo biológico y lo humano. Preservar la naturaleza, la vida en todas sus formas y al ser humano por encima de cualquier diferencia.

Esta es la tarea. Ahí están los socorranos cuidando su entorno inmediato, su casa, su esquina, su barrio, su gente. Con altivez comunera, con el alma buena y la voluntad para ejercer la ciudadanía sin egoísmos, sin parcelas, sin personalismos.

P.S.2. Desde esta esquina de la sociedad civil invitamos al Concejo para que se modifique el Acuerdo n°. 021 de 1.994, que establece que el Concurso Nacional de la Canción Inédita José A. Morales se realice durante la tercera semana del mes de septiembre de cada año. Como el aniversario de muerte del poeta es el 22 de septiembre y no siempre coincide con la tercera semana del mes -como en este año-, la solicitud es que el Acuerdo diga expresamente que el evento coincidirá con la fecha de la conmemoración.

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