El Socorro: Primer Grito de Independencia de Colombia

CONMEMORACION DEL 10 DE JULIO DE 1810

En la medida en que profundizo en la historia del Socorro, me convenzo de que es muy difícil condensarla en escritos cortos, pues contiene demasiados hechos importantes en la historia de Colombia. Hoy me voy a referir en apretada síntesis a los sucesos de la  llamada revolución de 1810, que conmemoramos este mes y para ello me remito a la obra del más importante historiador socorrano, no solo porque es tan caro a nuestros afectos, sino porque está escrita con la sabiduría del científico social y el sentimiento patrio  que caracteriza a los hijos del Socorro. Es conveniente aclarar que la historia como ciencia no se detiene, y más de 60 años después de realizada su obra, han aparecido nuevas fuentes historiográficas, y por lo tanto, estudios e interpretaciones sobre los mismos hechos que difieren de sus apreciaciones; sin que por ello se reste importancia al aporte que hizo la Villa de Nuestra Señora del Socorro a la construcción del estado-nación.

LA NOCHE AURORA DE LA LIBERTAD AMÉRICANA
Horacio Rodríguez Plata

Para comprender los sucesos del 9 y 10 de julio de 1810, es necesario remitirnos a otros que tuvieron al Socorro como centro de operaciones y prepararon el terreno para una gran revuelta, pues los socorranos querían consolidar en su ciudad y provincia un gobierno autónomo y luego organizados militar y políticamente, ocupar con sus tropas a Santafé, deponer a las autoridades españolas y crear una Junta Suprema que organizara el nuevo gobierno de la nación. 

Dichos sucesos fueron: La Insurrección Comunera y la Pacificación posterior, ocurridos entre 1780 y 1782; la Conspiración de los Pasquines en Santafé fe en 1794, organizada por Miguel José Gómez Plata, Pedro Pradilla y José María Durán; la conformación de Juntas de Gobierno en cada provincia americana para proclamar a Fernando VII como legítimo rey de España en contra de los intereses de Napoleón y las fracasadas acciones del Portillo y Casanare de 1809, en esta última, José María Rosillo y Vicente Cadena pagaron en presidio y patíbulo su amor por la libertad. Una nueva generación de patriotas más ilustrada, se hallaba bien informada sobre la emancipación norteamericana, la Revolución Francesa, la invasión a España por el ejército de Napoleón y la conformación desde 1808 de Juntas de Gobierno en cada provincia americana para proclamar a Fernando VII como legítimo Rey de España, en  contra de los intereses del corso y a partir de 1809, las reuniones con los conspiradores de Santa Fe, en las cuales participaban: El canónigo magistral Andrés Rosillo y Meruelo, el presbítero Juan Nepomuceno Azuero Plata, Emigdio Benítez Plata, Juan José Monsalve y José Antonio Amaya Plata. A su vez Pedro Fermín de Vargas e Ignacio Sánchez de Tejada transmitían ideas avanzadas.

El 20 de octubre de 1809, el Cabildo del Socorro creyendo ingenuamente que la corona aceptaría reformas en las Instituciones de sus colonias, envió un pliego de instrucciones para quien fuera elegido como diputado del Nuevo Reino de Granada a la junta Suprema Central Gubernativa de España, que contenía todo un programa de gobierno y cuyos signatarios fueron Joaquín Plata Obregón, Alberto José Montero, Pedro Ignacio Vargas, Ignacio Magno y Joaquín de Vargas.

En este escrito se expone de manera brillante y concisa, todo un programa de gobierno adecuado a las necesidades de la época, que permite comprender a la luz pública; las causas que hicieron estallar la guerra de emancipación.  Como las autoridades españolas sospechaban desde principios de 1809, que en El Socorro se preparaba una revolución, trataron de impedirla nombrando corregidor a don José Valdés Posada quien reforzó la guarnición de la Villa y puso bajo estrecha vigilancia a los notables y patriotas que consideraba tenían ideas sediciosas.  Acuciosamente envió a prisión a Rosillo y Meruelo, de gran ascendiente en la provincia, quien rindió indagatoria el 29 de enero de 1810, en la cual manifestó que la Villa del Socorro estaba en disposición de hacer un movimiento y una Junta con superioridad e independencia de Santa Fe, por lo cual fue recluido con sus conreos Monsalve y Castro en el Convento de La Capuchina en Bogotá, acusándolo de conspiración contra el gobierno y calumniosamente, de que tenía vendida la provincia a los franceses.

El 26 de mayo el Cabildo protestó ante el jefe militar Antonio Fominaya, por el continuo pasar de armas de la casa del Corregidor al cuartel sin ningún motivo, a la cual no dieron respuesta y por el contrario, se aumentó la vigilancia. La zozobra crecía y los cabildantes se enteraron de que el corregidor Valdés formó una lista de ciudadanos para ser proscritos. El 6 de Julio el Cabildo envió un memorial al Virrey solicitando seguridad para sus vidas y tranquilidad publica y ante la ambigüedad del Corregidor convocaron algunas gentes para para obtener apoyo. El día 8 de julio en la mañana, se recibió la noticia de que el Corregidor Valdés trataba de asesinar a los mejores hombres del Socorro, por lo cual los alcaldes ordinarios doctor Lorenzo Plata y don Juan Francisco Ardila le enviaron un oficio a el y a los comandantes militares y resolvieron a su vez levantar sumario contra el Corregidor. Los patriotas habían pedido auxilio a sus corresponsales y amigos de Barichara, Cabrera, Valle, Simacota, Palmas, Páramo, Pinchote y Culatas de los Confines; los cuales se pusieron en movimiento capitaneados por sus Curas y en 24 horas se produjo el alzamiento general de esas poblaciones y su marcha hacia El  Socorro en diferentes partidas, pasando las cabuyas de Sardina y Majavita o cruzando el río a nado.

El día 9, se habían reunido más de 8.000 personas. A las 7 de la noche, pasaron tres paisanos por la calle de los cuarteles, el Alférez Ruiz Monroy les ordenó desde el balcón dar marcha atrás pues de lo contrario mandaría a los soldados a hacer fuego, inmediatamente acudió el pueblo y empezó la balacera, por lo cual los jueces para evitar el desigual ataque corrieron a retirar a la gente; pero no pudieron evitar la muerte de 8 hombres que solo estaban armados con piedras recogidas en la calle y en cambio, los soldados que eran 60, atacaban desde los balcones con armas y superior preparación. El resto de la noche los patriotas se siguieron reuniendo y esperando a que el Corregidor ordenara una acometida. 

Al amanecer del día 10, Valdés Posada salió con la tropa y se retiró al convento de Padres Capuchinos, quienes les abrieron la puerta y fijaron en la torre banderas de guerra. Los alcaldes y el pueblo les pusieron sitio quitándoles el agua. Desde una ventana mataron a un paisano y desde la torre, a otro que estaba a dos cuadras de distancia. Se oían las arengas de Miguel Tadeo Gómez, quién les decía que no importaba caer bajo la cuchilla de los opresores si sus descendientes iban a ser libres; y las del presbítero Pedro Ignacio Fernández, quien proclamaba su condición de hombres libres.  El pueblo enfurecido al ver manchadas las calles con la sangre de diez de sus hombres, veía con dolor salir balas y muerte de una casa que había edificado con amor, para que se diese culto a la divinidad y albergue a unos ministros venidos de Valencia: el primer Convento Capuchino en América, y ante tan negra ingratitud, cambió sus sentimientos de veneración por el clamor de que no quedase piedra sobre piedra y que se pasase a cuchillo a todos los que quedaron dentro.

Cuando la multitud quiso tomar el Convento por asalto, los jueces enviaron un oficio al comandante de las tropas españolas sitiadas pidiéndoles la rendición, les ofrecieron seguridad de sus personas para que entregaran las armas y los condujeron a la plaza entre los gritos de la multitud. Quedaron presos en la Administración de Aguardientes donde por dos días se les trató con consideración, el Corregidor después fue trasladado con grillos al cabildo para aquietar los ánimos. En esta operación tomaron parte activa muchas mujeres del poblado, subidas con sus hombres en los caballetes de los tejados, disparando con cañones hechos de guadua liada con bejucos, y muchas en la plazuela arrojando piedras de bastante peso contra los soldados españoles. 

El día 11 de julio de 1810, reunido el Cabildo con la asesoría de seis ciudadanos más, se constituyó la Junta de Gobierno y se procedió a firmar el Acta de Independencia del Socorro, en la cual se destacan los cánones 4 – 5 y 6, que establecen el manejo de la tierra, el carácter sagrado de las contribuciones de los pueblos y la facultad que tiene la sociedad de vigilar y castigar a los agentes del físco cuando no cumplen sus deberes. El acta se envió a los Cabildos de Vélez y San Gil, en donde en principio se opusieron pero luego enviaron sus diputados al Socorro y Santa Fe. Allí llegó el 16 de julio, y fue recibida con mucho entusiasmo pues los patriotas preparaban un movimiento similar. Después de esos acontecimientos, el Cabildo del Socorro le envió el 16 de julio un memorial al Virrey, con un posta especial que tenía la orden de dejar copia en los Cabildos de Vélez y Tunja para que siguiendo el ejemplo de la Ciudad Comunera, instalaran sus Juntas Supremas porque de lo contrario irían los socorranos a instalarlas por la fuerza de las armas. El posta llegó a Santafé el 21 de julio, José Acevedo y Gómez ordenó pasar la memorable comunicación a la Junta Suprema, pero allí ya tenían noticia por otros conductos, como lo prueban las cartas del mismo Tribuno del Pueblo a don Antonio Villavicencio el 16 de julio y a su primo Miguel Tadeo Gómez quien fue firmante del Acta de Independencia, el 21 de julio. Esta última carta dice así “A las 7 de la mañana, querido primo, grandes acontecimientos políticos. ¡Somos libres! ¡Felices de nosotros! Se completó la obra que comenzó esa ilustre provincia “el pueblo no creyó los juramentos de Sámano. Quito, gritaban y El Socorro, acusan a éstos pérfidos”.

El Acta de Independencia Nacional reconoce la influencia decisiva del movimiento del 10 de julio en El Socorro, el único cruento y con acción de armas, en la revolución del día 20 y está firmada entre otros por los socorranos conocidos como conspiradores.

Y LA HISTORIA CONTINÚA …..

El 15 de agosto se firmó el Acta de Constitución del Estado Libre e Independiente del Socorro, en la cual sobresalen las reformas   sobre resguardo y tributos de indios, a quienes declara miembros de la sociedad; abolición de los estancos de tabaco y libertad de siembras, así como la libertad de los esclavos. El Acta de Independencia y el Acta de Constitución contienen ideas que sirvieron de base para la Constitución de Cundinamarca en 1811 y las de las provincias del Nuevo Reino de Granada, así como la de la Gran Colombia y con las Capitulaciones de los Comuneros; se consideran el origen del derecho constitucional colombiano.

Para terminar mi sentido homenaje a nuestra Patria Chica, una invocación: Ilustre Villa de Nuestra Señora del Socorro: La sangre de tus mártires sacrificados el 9 de julio de 1810, fecundó tu suelo y se transformó en alborada luminosa de nuestra Independencia el día 11. Desde entonces, ninguna otra logrará arrebatarte el título de CIUDAD PRECURSORA.

Bucaramanga, 10 de julio de 2020

NOTA: A través del tiempo por la tradición se sostiene en El Socorro, que los restos de los mártires reposan en el Panteón de los Próceres llamado también Capilla de la Inmaculada. 

CARMEN SOFIA PLATA CASAS
FUNDACIÓN SOCORRANOS EN ACCION

BIBLIOGRAFIA 

Biblioteca de historia Nacional Volumen XCVIII
La Antigua Provincia del Socorro y la Independencia
HORACIO RODRÍGUEZ PLATA 
Expresidente de la Academia Colombiana de Historia
Edición conmemorativa del Sesquicentenario de la Independencia
Bogotá D.E. – 1963
Publicaciones Editoriales Bogotá.

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